Existe una tendencia un tanto recurrente para medir la grandeza del futbolista únicamente por los títulos de sus vitrinas, por sus goles o por sus asistencias. En un deporte demasiado obsesionado con los datos fríos, a menudo, el análisis queda sepultado bajo el peso de la estadística. Sin embargo, los amantes del deporte sabemos que la trascendencia del futbolista no se limita sólo a eso. Hay jugadores que alteraron el curso de la historia y que a pesar de no haber levantado la Copa del Mundo, nos demostraron su talento, inteligencia y brillantez en el verde.
En este artículo repasaremos algunos de los mayores iconos del fútbol que por desgracia no consiguieron levantar el mayor trofeo a nivel de selecciones. Saltamos al césped con una formación clásica de (4-3-3), pero ojo, porque también contamos con un banquillo de muchos quilates. Allá vamos.
Lev Yashin
Si ves una imagen de los 70, la silueta de la 'Araña Negra' resalta inmediatamente. Lev Yashin fue un guardameta revolucionario, pionero en salir del área pequeña para cortar centros, desviar el peligro y ordenar a su defensa a viva voz.
Ataviado con su icónica camiseta, sus guantes y su gorra, Yashin infundía un respeto absoluto, era imponente. Es, hasta la fecha, el único portero galardonado con el Balón de Oro, que lo ganó en 1963. Disputó un total de cuatro Mundiales, casi nada, pero con la Unión Soviética consiguió la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos del 56, además de la Eurocopa de 1960, erigiéndose así como uno de los guardametas más influyentes de la historia del fútbol.

Javier Zanetti
El 'Pupi' fue el puente entre dos eras del fútbol argentino. Su estampa era inconfundible, siempre con la camiseta albiceleste metida por dentro del pantalón y un peinado de raya al lado que permanecía intacto noventa minutos después del inicio del partido.
Más allá de su despliegue físico y potencia por la banda derecha, Zanetti personificó la regularidad en el juego. Disputó un total de 8 partidos repartidos entre los Mundiales de 1998 y 2002, sufriendo eliminaciones dolorosas. A pesar de ser uno de los futbolistas con más partidos en la historia de la albiceleste, un total de 145 encuentros, se quedó fuera de las listas de los Mundiales de 2006 y 2010, por decisiones técnicas muy controvertidas. Un futbolista cuya carrera es sinónimo de constancia en la élite.
Ronald Koeman
La Holanda de finales de los 80 rompió moldes con aquellas camisetas de patrones geométricos. En el corazón de esa zaga mandaba un tal Ronald Koeman, un central que para nada era el típico destructor, era un organizador con un golpeo de balón a la altura de muy pocos.
Por ello Koeman es hasta el momento el defensor más goleador de la historia del fútbol. Su capacidad para trazar pases largos de sesenta metros se complementaba con su precisión en los tiros libres. Tocó el cielo al ganar la Eurocopa en 1988 ante la URSS, pero en las citas mundialistas la fortuna le acabó dando la espalda, dejando huérfana de una Copa del Mundo a una de las mejores diestras del fútbol europeo.
Frank Rijkaard
Para que los centrocampistas creativos puedan inventar, la zaga debe estar asegurada. En este esquema, retrasamos a Frank Rijkaard a la defensa para revivir su rol de líbero, tal y como gobernó al Ajax campeón de Europa en 1995 contra el Milan de Capello. Con una planta atlética imponente, Rijkaard jugaba con una sobriedad total.
Tenía la virtud de recuperar balones sin apenas cometer faltas y de iniciar la transición ofensiva siempre con la cabeza levantada. Formando un eje histórico junto al anteriormente mencionado Ronald Koeman, dotó a la selección de los Países Bajos de un equilibrio táctico fundamental. La Copa del Mundo jamás llegó a sus manos, al igual que le ocurrió a otros compatriotas suyos como Cruyff, Dennis Bergkamp... Pero el nombre de Rijkaard quedó ligado para siempre a la escuela del fútbol neerlandés.
Paolo Maldini
Ver jugar a Paolo Maldini con la selección italiana, era una lección de posicionamiento táctico, colocación, intensidad y elegancia. Melena al viento y mirada fija en el balón, Maldini convertía la entrada al suelo en un arte que dominaba a la perfección, al igual que la anticipación.
Disputó un total de cuatro Copas del Mundo y vivió en sus carnes la dureza del torneo al perder la final de Estados Unidos 94 en la famosa tanda de penaltis de Roberto Baggio, además de la semifinal de Italia 90 como anfitrión. Se retiró de la selección en 2002, apenas cuatro años antes de que Italia consiguiera su cuarta estrella en Alemania. El destino le negó el trofeo, pero el fútbol lo consolidó como uno de los defensas más históricos del planeta fútbol.

Michel Platini
Vamos con la sala de máquinas... Con el pecho erguido, las medias caídas y el cuello blanco de la camiseta de Francia siempre abierto, Platini comandó la época más brillante del fútbol galo. Michel no corría por el campo de forma caótica, lo gobernaba con la cabeza.
Su fútbol estaba perfectamente registrado en su cerebro y venía acompañado por un golpeo de falta quirúrgico. Llevó a Francia a la Galia a dos semifinales consecutivas en los Mundiales de España 82 y México 86, cayendo en ambas ocasiones ante Alemania. Ganador de tres Balones de Oro consecutivos, a Platini sólo le faltó la Copa del Mundo para coronar una trayectoria impecable.
Arthur Antunes Coimbra 'Zico'
Conocido como el 'Pelé Blanco', Zico era el portador del número diez de aquella Brasil del Mundial de España del 82. Su juego ofrecía regates indescifrables, cambios de ritmo y una gran precisión a balón parado.
Aquella eliminación ante la Italia de Paolo Rossi en el Estadio de Sarrià dolió a los aficionados neutrales porque significó el fin de un equipo que priorizaba el espectáculo por encima de todo, la ginga brazuca no se negocia. Zico nunca logró alzar el trofeo, pero lideró a la selección más recordada de la historia que no consiguió la Copa del Mundo.

Roberto Baggio
La historia de los Mundiales se condensa, para muchos, en una sola imagen... La silueta encorvada de Roberto Baggio mirando al césped mientras su penalti se perdía por encima del travesaño de aquel Estadio Rose Bowl.
Baggio fue un genio que desafió a las lesiones, jugó gran parte de su carrera con graves problemas de rodilla. Sus conducciones y su famosa coleta al viento, de ahí el apodo 'Divin Codino', marcaron el fútbol de los 90. Su capacidad para cargar con el peso ofensivo de su selección lo convirtió en uno de los futbolistas más queridos y respetados de la historia italiana, a pesar de aquel fatídico error desde los once metros. Puro talento.
Eusebio
Arrancamos con un tridente ofensivo bien cargado de pólvora. La 'Pantera Negra' representa la combinación perfecta de velocidad y potencia en el golpeo en la década de los 60. Con la elegante camiseta roja de Portugal de 1966, Eusebio firmó una de las actuaciones individuales más brillantes en la historia de los Mundiales, sus 9 tantos en 6 partidos para llevar a su debutante selección hasta el tercer puesto.
A nivel de clubes, sus números con el Benfica son propios de otra época, 733 goles en 745 partidos oficiales y un registro de más de 200 asistencias. El Mundial de Inglaterra fue su único gran escenario mundialista, pero le bastó para dejar una huella imborrable de lo que debía ser un atacante en el fútbol clásico.
Ferenc Puskás
Mucho antes de que el fútbol se 'industrializara', un grupo de futbolistas húngaros vestidos con una sobria equipación roja de cuello blanco revolucionó la táctica. Eran los 'Magiares Mágicos' y su líder indiscutible en el césped era Ferenc Puskás, apodado 'Cañoncito Pum'.
Con un físico aparentemente común pero con una letal pierna izquierda, Puskás lideró a la selección que dominó el panorama internacional en los años 50. La inesperada derrota ante Alemania Federal en el "Milagro de Berna" de 1954 los privó de la Copa del Mundo, pero la propuesta táctica y los inteligentes movimientos que Puskás fueron estudiados durante décadas.

Alfredo Di Stéfano
Uno de los casos más enigmáticos de la historia de los Mundiales... Resulta difícil de entender que el jugador total, el hombre que defendía en su propia área y terminaba la jugada rematando en la contraria, jamás disputara un solo minuto en una Copa del Mundo, algo tremendamente llamativo.
Las causas fueron varios boicots políticos de Argentina en los 40, una inesperada eliminación con España en el Mundial de 1958 y una lesión muscular justo antes de Chile 1962. Una serie de inconveniencias que apartaron al mítico Alfredo Di Stéfano del mayor torneo jamás creado. Una pena.
Un equipo de este calibre realmente no necesita muchas alternativas en el banquillo, pero nos hemos permitido el lujo de completar la convocatoria con algunas caras que posiblemente les resulten conocidas:
Oliver Kahn: De carácter volcánico y reflejos felinos, Oliver Kahn iba ataviado con un jersey de portero noventero de colores llamativos que realmente ayudaron a agigantar su figura. El cancerbero alemán disputó 86 partidos internacionales y firmó una Copa del Mundo de 2002 antológica, donde encajó sólo 3 goles en 7 partidos y se convirtió en el único portero de la historia en ganar el Balón de Oro de un Mundial, justo antes de que la Brasil de Ronaldo le arrebatara el título en la final.
Rio Ferdinand: Elegancia, contundencia y jerarquía para sacar el balón jugado desde atrás. El central inglés disputó un total de tres Mundiales, 98, 2002 y 2006, sumando así 10 partidos en la máxima competición y anotando un gol frente a Dinamarca en tierras asiáticas. Con 81 internacionalidades con los Three Lions y más de 700 partidos oficiales en su carrera, el zaguero demostró que para defender no hacía falta mancharse el pantalón, sino dominar el espacio siempre con la cabeza levantada.
Omar Sívori: Un mediapunta con las medias caídas hasta los tobillos, sin espinilleras y una picardía irreverente que desquiciaba por completo a las defensas de los años 50. El 'Cabezón', así apodado, fue un talento indomable que anotó 170 goles oficiales a nivel de clubes y dejó su huella con dos selecciones distintas. Con Argentina marcó 9 goles en 19 partidos ganando la Copa América del 57, mientras que con Italia anotó 8 goles en 9 partidos, logrando disputar el Mundial de 1962 en Chile. Un genio del regate y del caño que jugaba al fútbol con ese esencia pura del potrero.
Marco van Basten: 'El Cisne de Utrecht', un delantero centro de una plasticidad excepcional. Las lesiones en sus tobillos truncaron su carrera antes de tiempo, dejándolo fuera de combate con apenas 28 años. A pesar de su estado físico, su promedio sobre el verde fue demoledor: anotó un total de 277 goles en tan solo 373 partidos entre clubes y selección. Disputó el Mundial de Italia 90 dejando grandes muestras de su clase en los 4 partidos que jugó, aunque su eterno sello con la elástica holandesa fue aquella inolvidable volea en la Eurocopa de 1988, una jugada que es historia del fútbol.
Cristiano Ronaldo: El máximo goleador de la historia del fútbol profesional con casi 1000 goles oficiales y 250 asistencias, casi nada. Aunque su figura pertenece a la era contemporánea, sus 5 Balones de Oro y sus 8 goles en 22 partidos mundialistas a lo largo de 5 ediciones, le aseguran como mínimo un asiento de honor en este banquillo de gala.
Hugo Sánchez: Continuamos con nuestro banquillo con el gran especialista en el remate al primer toque y en las acrobacias dentro del área. El mexicano es también muy conocido por sus icónicas celebraciones con volteretas. El rey del gol en México y el Real Madrid cosechó la impresionante cifra de 516 goles a lo largo de su carrera profesional. Con la selección azteca disputó un total de tres Copas del Mundo, 78, 86 y 94, dejando su firma en las redes en el Mundial celebrado en su tierra, consagrándose así como el gran icono del fútbol norteamericano.
La historia del fútbol suele escribirla quien levanta la copa el último domingo del torneo. Sin embargo, al repasar este once, queda claro que el impacto de un futbolista no se mide solo en títulos. Estos once titulares, así como los suplentes, no necesitaron una medalla de la FIFA para que sus camisetas se convirtieran en objetos de culto, ni para que sus nombres pasaran a la historia.
Ganar un Mundial otorga un estatus inmediato, pero el estilo, la innovación táctica, el talento, y la capacidad de emocionar al espectador, son los verdaderos elementos que garantizan la inmortalidad en este deporte y hacen grande a un futbolista. Ellos no habrán conseguido levantar la copa, pero se han ganado el respeto eterno.
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