La Copa del Mundo de México 1970 se recuerda como el Mundial de la consolidación televisiva. Fue la Copa del Mundo más masiva hasta la fecha y la de la coronación definitiva de ‘O Rei’ Pelé. Sin embargo, el partido que definió la épica de aquella edición no fue la gran final, sino la semifinal disputada el 17 de junio de 1970. Sobre el césped del Estadio Azteca, ante 102.444 espectadores, Italia y Alemania Federal protagonizaron un choque táctico que derivó en la prórroga más icónica de la historia del fútbol. Un partido donde el esfuerzo físico desafió a la lógica y el marcador se alteró hasta en cinco ocasiones en apenas treinta minutos.
El encuentro estuvo protagonizado por varias de las grandes figuras del panorama mundial de la época. Italia contaba con Facchetti, capitán de la ‘Azzurra’ y leyenda del Inter, Sandro Mazzola, Luigi Riva, Roberto Boninsegna, Gianni Rivera… Por si fuera poco, Alemania tenía en sus filas al guardameta Sepp Maier, a ‘El Káiser’, Uwe Seeler que ejercía como capitán, y ‘El Torpedo’, que anotó dos goles.
El plan inicial del entrenador Ferruccio Valcareggi se ejecutó con precisión desde el arranque. En el minuto 8, el delantero del Inter, Roberto Boninsegna, ganó un balón dividido fuera del área y batió a Sepp Maier con un potente disparo raso. Con el 1-0, Italia activó su bloque defensivo, sostenido por Pierluigi Cera y el guardameta Enrico Albertosi.
Alemania Federal, dirigida por Helmut Schön, asumió el peso de la posesión mediante la distribución del centrocampista Wolfgang Overath. La resistencia italiana parecía inquebrantable hasta que el partido entró en el tiempo de descuento. En el minuto 92, un centro medido de Jürgen Grabowski desde la banda izquierda encontró libre de marca al lateral Karl-Heinz Schnellinger. El defensa del Milan eligió un buen momento para anotar el único gol de su carrera con la Selección Alemana, para mandar el encuentro a una prórroga que sería inolvidable.

Treinta minutos de máximo frenetismo
La prórroga alteró radicalmente la naturaleza del juego. El desgaste acumulado a más de 2.200 metros de altitud fracturó el orden defensivo de ambos conjuntos, dando paso a transiciones directas y constantes errores individuales:
Minuto 94 (1-2): Gerd, el delantero alemán conocido como ‘El Torpedo’ aprovechó una falta de entendimiento entre Albertosi y el defensa Fabrizio Poletti para empujar el balón a la red y dar la ventaja a la ‘Mannschaft’.
Minuto 98 (2-2): Tras un tiro libre de Gianni Rivera que la zaga germana no logró despejar, el central italiano Tarcisio Burgnich restableció el empate con una volea ajustada al palo.
Minuto 104 (3-2): La intensidad en aquella prórroga no decaía, en una transición rápida de la ‘Azzurra’, Luigi Riva hizo un recorte y firmó un disparo cruzado con la pierna izquierda que sirvió para poner por delante a la Selección Italiana.
Minuto 110 (3-3): El caos en el Azteca era mayúsculo. Apenas cinco minutos después, un remate de cabeza de Uwe Seeler asistió nuevamente a ‘El Torpedo’, que firmó su doblete con un testarazo imposible para ‘Ricky’ Albertosi.
Minuto 111 (4-3): Apenas sesenta segundos después del empate alemán, Boninsegna desbordó por la banda izquierda y puso un pase atrás para que Gianni Rivera definiera de primeras para batir a Sepp Maier y cerrar el partido.
El componente dramático de la tarde se personificó en la figura de ‘El Káiser’. En el minuto 70 de partido, la estrella alemana sufrió una caída tras una entrada de Pierluigi Cera en la frontal del área. El impacto fue tal que le causó una luxación en el hombro derecho.
Al haber agotado los cambios el entrenador Helmut Schön, ‘El Káiser’ se vio obligado a permanecer sobre el terreno de juego. El cuerpo médico de la Selección Alemana le sujetó el brazo derecho contra el torso mediante un vendaje compresivo. Con esa condición física, el futbolista del Bayern de Múnich disputó la totalidad de los treinta minutos de la prórroga, liderando la medular germana a pesar de su limitación motriz.
Este grandísimo partido en el Estadio Azteca trascendió el resultado deportivo. Aquellos 120 minutos alteraron la percepción moderna del fútbol, demostrando que la emoción y el ritmo vertical podían imponerse a los sistemas tácticos. La exigencia física de la prórroga dejó a Italia mermada de cara a la final, donde cayó 4-1 frente al Brasil de Pelé, Rivelino, Tostão, Jairzinho... Sin embargo, la herencia de aquella inolvidable Semifinal permanece visible a día de hoy en el propio recinto de Ciudad de México, donde una placa de bronce conmemora formalmente a los protagonistas del bautizado "Partido del Siglo".
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