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¿Por qué España ha pasado a ganarlo todo en este Siglo XXI?

¿Por qué España ha pasado a ganarlo todo en este Siglo XXI?

La Selección Española históricamente es un equipo que ha sufrido demasiado, ha recibido eliminaciones realmente crueles y generalmente no conseguía superar la famosa "barrera de los cuartos de final". Todo esto generaba una sensación de crispación, angustia y dolor que con el tiempo se iba acrecentando entre los jugadores que portaban la casaca roja. En el siglo XX el combinado nacional español consiguió levantar un solo título, la Eurocopa de 1964. Desde el momento en el que se levantó ese trofeo ante la Unión Soviética de Yashin, España sufrió una sequía de títulos de 44 años, casi nada. 

Pero todo cambió. El penalti de Cesc ante Italia rompió finalmente con la barrera de los cuartos, España goleó a Rusia en semis y Casillas levantó la Eurocopa tras el gol de Fernando Torres en la final de 2008. Todo ello supuso el inicio de una etapa extremadamente dulce. Dos Mundiales, tres Eurocopas y una Nations League son el palmarés de España en lo que llevamos de siglo XXI, algo insólito. Hasta el momento ninguna selección ha ganado tanto en estos últimos 25 años pero, ¿a qué se debe este cambio de paradigma? ¿Qué hemos hecho para darle la vuelta a la tortilla? Alrededor de este tema varias preguntas pueden rondar por nuestra mente y aquí vamos a tratar de encontrar una explicación lógica y racional. 

El talento es muy importante, al igual que tener en tus equipos grandes figuras. Históricamente, el fútbol era un deporte donde tener cracks mundiales te decantaba un partido de forma sencilla. El ejemplo perfecto es Brasil, una selección plagada de figuras determinantes que sumaban y sumaban estrellas a su camiseta "verdeamarela". Desde la época de Pelé, Garrincha, Zico o Sócrates, hasta los mundiales del 94 y 2002 con los Romário, Bebeto, Ronaldo, Ronaldinho o Rivaldo. Lo mismo le ocurría a potencias como Italia o Alemania. Aún a día de hoy eso pasa y siempre seguirá pasando, pero es cierto que cada vez es más necesario trabajar el concepto de equipo, grupo y familia. 

Prácticamente en el polo opuesto estaba España, que no contaba con ninguna estrella en su palmarés y, a pesar de tener buenos jugadores, prácticamente ninguno se podía comparar a los antes mencionados por parte de los brasileños. Sin embargo, lo que ocurrió a partir de 2008 cambió las reglas del juego. El fútbol es un deporte de equipo, en eso todos estamos de acuerdo. Esta es una de las claves del éxito español, un fútbol donde el grupo, la unión y la familia prevalecen por encima del talento individual. En los torneos en los que España ha triunfado y ha conseguido levantar sus respectivas copas el denominador común siempre ha sido el fútbol coral, la igualdad y el compañerismo. Todo ello, sumado por supuesto al talento, a una idea clara de juego basado en el control del balón y al aprovechamiento de los espacios con buenos desmarques o arrastres. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve tener al mejor jugador del mundo si el resto del equipo no habla el mismo idioma? Este cambio no nació de la nada, es la consecuencia de un largo proceso. ¿Puede ser que el gran escaparate inicial fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona 92? Aquella medalla de oro demostró que se podía ganar y obligó a trabajar mucho mejor el fútbol desde la base. Los títulos recientes no son casualidad, sino el efecto dominó de lo que se sembró en el 92 y se consolidó con el Mundial de 2010. Para que todo esto ocurra en la Selección Absoluta, claramente hay que realizar un trabajo previo desde las categorías inferiores, en las escuelas de fútbol. 

El gol de Kiko Narváez en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92

En España, en las categorías inferiores y en las escuelas de fútbol se trabaja para enseñar un idioma común. No importa la edad, la idea de juego es prácticamente innegociable. Someter al rival a través de la posesión del balón y madurar la jugada hasta que aparezca el hueco es el primer mandamiento. El jugador español se suele formar bajo la premisa de que la pelota siempre corre más que el rival. Todo este trabajo previo con los jóvenes provoca que al final cuando un jugador llega a la Selección Absoluta, no necesita un tiempo de adaptación porque lleva jugando al mismo fútbol desde bien pequeño. 

Para que este idioma común funcione en el campo, hacen falta entrenadores que crean en él, y en España hemos tenido los mejores. Todo empezó con el cambio de mentalidad que trajo Luis Aragonés y la tranquilidad que aportó después Vicente del Bosque para gestionar los títulos. Pero esa pizarra no se ha quedado solo anclada en la Selección Española. Hoy en día, el técnico español es el más codiciado del mundo. No es casualidad que nuestros entrenadores ganen la Premier o la Bundesliga, ni que figuras como por ejemplo Unai Emery, Luis Enrique o José Luis Mendilibar dominen las competiciones en Europa. España ya no solo saca futbolistas inteligentes con ganas de aprender, sino también a hombres capaces de instruirles y dirigirles hacia el camino de la victoria. ¿Pero todo esto luego se refleja en el terreno de juego?

Las estadísticas no mienten y reflejan que este sistema funciona. España es, con mucha diferencia, la selección más laureada de la historia en las categorías inferiores del fútbol europeo, acumulando doce Europeos Sub-19 y cinco Europeos Sub-21. Esto no es un dato baladí, significa que futbolistas como Dani Olmo, Rodri, Fabián Ruiz o Mikel Merino ya sabían lo que era levantar un título juntos mucho antes de dar el salto a la Selección Absoluta. Cuando estos chicos se ponen la camiseta roja de los mayores, continúan haciendo lo que ya llevan automatizado desde hace años.

Esta filosofía de juego, lejos de estancarse, ha sabido evolucionar. Si bien la España del triplete histórico de 2008, 2010 y 2012 basaba su éxito en una posesión infinita y un control absoluto del ritmo del partido, la selección actual podríamos decir que ha modernizado la fórmula. El respeto por el balón sigue siendo el mismo, pero ahora se busca castigar al rival con una mayor verticalidad, aprovechando la velocidad en las bandas y encontrando los espacios de forma más agresiva. Cambian las piezas y algunos matices, pero el motor sigue siendo el colectivo. Por eso, mientras otras potencias sufren cuando sus máximas estrellas no están inspiradas o tienen un mal día, España sonríe porque su fuerza reside en la estructura, en el bloque y en una idea clara de juego que nos ha llevado a la cima del fútbol mundial. Al final, el gran mérito de España en este siglo XXI ha sido destruir por completo los viejos complejos del pasado. Pasamos de mirar con envidia los nombres propios de las grandes potencias a conseguir que todo el planeta envidie nuestra manera de jugar y de entender el juego. Tanto es así que otros países ya imitan abiertamente nuestra estructura. Uno de los ejemplos más claros es Marruecos, que lleva años reestructurando su fútbol base con profesionales e ideas importadas de las canteras españolas. El resultado es una generación de futbolistas con un trato de balón impecable que ya mira de tú a tú a cualquiera tanto en los Mundiales como en la Copa África. Cuando un rival copia tu estilo y tu manera de trabajar, significa que algo estás haciendo bien.

Darle la vuelta a la tortilla no fue cuestión de suerte, sino de creer firmemente en un modelo. España ha demostrado que en el fútbol moderno el bloque suele imponerse ante el talento puramente individual, y que un grupo de futbolistas comprometidos con una misma idea es más fuerte que cualquier figura o crack mundial. Hoy, tras seis títulos en este siglo, la Selección Española ya no teme a los cuartos de final ni a los fantasmas de las eliminaciones crueles. El paradigma cambió para siempre, ahora España juega como una familia y, precisamente por eso, lo que hace es ganar y ganar y ganar y volver a ganar...

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