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El valor de la camiseta

Con motivo del vigésimo quinto aniversario del título de Liga conquistado por el Athletic en Las Palmas tuve la posibilidad de entrevistar a varios futbolistas del equipo entrenado por un entonces treintañero Javi Clemente. Uno de ellos fue Andoni Zubizarreta, que además de explicar que en el antiguo Estadio Insular pasó los minutos más largos de su vida mientras se certificaba la derrota del Madrid en Mestalla, quién de forma clarividente pasó a detallar lo que para él supone “el peso de una camiseta”. Sabía de lo que hablaba, ya que el de Aretxabaleta heredó el “1” de Iribar en el Athletic, de Arconada en la selección española y de Urruti en el Barcelona. En lo que quizá supone la mejor estirpe de porteros vascos en la historia moderna.

Y efectivamente, algunas camisetas evocan mucho más que un dorsal, traspasan la barrera del tiempo para instalarse en la memoria colectiva de los aficionados, el lugar donde los recuerdos siguen vivos. La retina y el paladar saborean a los mejores, por eso todo el mundo sabe que el 10 de Brasil y Argentina, el 14 de Holanda o el 7 del Manchester United no son unas camisetas cualquiera. Las lucieron algunos de los mejores y sus respectivos sucesores siempre estarán en cuarentena hasta que no demuestren lo contrario.

Hasta el momento nadie ha podido igualar a Pelé, pese a que Zico o Raí también fueran dignos 10 de Brasil. Ahora, en plena involución de su Jogo Bonito al cemento armado, la canarinha apuesta por el 11, el de Neymar ahora y que antes portaron Romario, Rivaldo y Ronaldo Nazario. El mito y la mística a la que se agarran los aficionados locales deprimidos tras el Mineirazo o los hinchas globales. Todos saben que cuando Brasil asoma por el túnel de vestuarios se está en la antesala de ver jugar a la que ha sido la mejor selección de la historia.

Si existe un futbolista con una vida de película ese es Diego Armando Maradona. De Villa Fiorito a fumarse un puro con Fidel Castro. De un potrero al éxtasis del San Paolo de Nápoles. Del éxito al fracaso, de la adicción a la resurrección. En Argentina buscaron un sucesor con ansiedad, obsesión incluso. Algo que situó una enorme lupa sobre el Burrito Ortega, el Muñeco Gallardo o la Brujita Verón. Hasta que llegó Messi. Tanto, que a nivel de éxitos individuales y colectivos, El Pelusa se ha convertido en una edición superada y mejorada por La Pulga. Un futbolista que ha sido capaz de superar todos sus registros, salvo uno. El de pasar a la historia con el 10 de Argentina. Es por eso que Maradona, que fue capaz de meter “el gol” a Inglaterra y llevar a un equipo justito a ganar el Mundial, sigue siendo el referente con la albiceleste. Sin término medio, del cielo al infierno, héroe y villano. Es la bandera de la gente, la que ahora prefiere a Tévez como icono popular. El tiempo dirá si Messi es capaz de obtener también ese fervor popular. El futbolístico, sin duda, lo tiene.

Más de 40 años atrás, la selección holandesa asombró al mundo con su Fútbol Total durante el Mundial de 1974. Con futbolistas capaces de jugar en todas las posiciones, en constante movimiento y evolución para alterar las normas de lo establecido en el juego de la posguerra. Su principal referente era Johan Cuyff con su llamativa camiseta naranja con el número 14 a la espalda. No pudieron ganar la copa del mundo en Alemania y también sucumbieron en la final de 1978. Una década después, también con su característica elástica naranja pero ya con tintes sicodélicos de los ochenta, los tulipanes en su versión multicultural ganaron la Eurocopa en suelo germano. Ruud Gullit y Marco Van Basten eran los exponentes, pero el estilo se mantenía gracias a la presencia de Rinus Michels en el banquillo. Ha pasado más de un cuarto de siglo de entonces, la oranje ha vuelto a tener grandes generaciones de futbolistas pero no ha sido capaz de volver a levantar un título. Sin embargo, la traición al legado de Cruyff y Michels, eliminando las bandas del esquema de juego, unido a una falta de relevo en las categorías inferiores ha provocado su ausencia de la próxima Eurocopa. Las y los hinchas echarán de menos la elástica holandesa, porque que lo que representa para el fútbol supera con creces una lista de 23 jugadores para un campeonato. Todo lo contrario ocurrirá en Albania o Islandia, que participarán por primera vez, lo que convierte a su camiseta actual y jugadores en el símbolo de una época histórica para sus respectivos combinados.

También estarán los inventores del fútbol, allí donde el fervor se extiende desde las ligas dominicales hasta la Premier League. Dicen que el balompié nació en Sheffield, una ciudad que sufrió y todavía padece los azotes de la crisis en Inglaterra. Se puede decir que a mucha de sus gentes les quitaron todo, incluida la ropa como se ve en “Full Monty”, pero hay una cosa que mantienen intacta. El amor por sus dos equipos, el Sheffield Wednesday y el Sheffield United, lejos de la Premier League, pero cerca de unos hinchas que reclaman el sentimiento de pertenencia. El orgullo de una camiseta.

No es el único lugar, porque el valor de una camiseta y su escudo están muy por encima de las categorías coyunturales de un equipo. No hace falta jugar la Champions para que una camiseta signifique algo especial. Bien lo saben los niños y las niñas que reciben por primera vez el regalo con la camiseta de sus respectivas escuadras. Formará parte de su ADN, de una transmisión donde el boca a boca es la clave y en la que las liturgias familiares tendrán una importancia vital. Bien lo saben en Sheffield pero también en Leeds, Nottingham, Derby, Dresden, Parkhead, el barrio de Sankt Pauli, Bari, Oviedo, Mendizorrotza o El Sadar. Se puede vivir a la sombra de un gigante local o emprender epopeyas competitivas como la del Athletic.

El fútbol se alimenta del pasado para construir su épica y relato, todos los clubes y selecciones lo hacen, pero vive del presente. Voraz, tanto que el ayer no vale, triturando entrenadores y generando titulares o tuits. Los referentes crecen o nacen en cada momento, se pasa del desastre de Karlsruhe a la debacle del Camp Nou en 90 minutos. Del todo a la nada y viceversa, como en la mítica final de la Champions que disputaron el United y el Bayern en 1999.

Los ejemplos en positivo, de superación, integración o respeto suponen un salto adelante. La Alex Morgan de hoy será un referente de mañana, tendrá una camiseta colgada para recordar que dejó huella y que gracias a ella muchas niñas han comenzado a jugar en todo el mundo. Porque las camisetas, con el paso del tiempo, son lo que los aficionados quieren que sea: El legado de una pasión. Nada mejor que lucirlas con estilo.

Beñat Zarrabeitia
Periodista y Comunicador


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